Un triunfo que cambia el estado de ánimo en la recta final de la Primera Federación
El Racing de Ferrol volvió a sentirse equipo en un escenario exigente como Lezama, donde sacó tres puntos de oro ante el Bilbao Athletic (0-1). En un momento de máxima presión competitiva, el conjunto verde encontró en la eficacia y el orden defensivo la fórmula para frenar su mala racha y recuperar sensaciones en el tramo decisivo de la Primera Federación.
El gol de Chema Rodríguez en los primeros compases marcó el rumbo de un partido que el Racing supo interpretar mejor que su rival. No fue un recital, pero sí una actuación de equipo maduro, consciente de lo que se jugaba.
Golpe temprano y plan claro: competir desde la ventaja
El partido arrancó con un guion ideal para los de Guillermo Fernández Romo. Un saque de esquina ejecutado con precisión por Sergio Tejera terminó en un cabezazo imperial de Chema, que ganó la partida en el área para firmar el 0-1.
A partir de ahí, el Racing bajó el balón al césped emocional del partido. Sin prisas, pero sin pausa. Líneas juntas, presión selectiva y transiciones rápidas. El equipo no necesitó monopolizar la posesión para sentirse cómodo; le bastó con ser ordenado y agresivo en los momentos clave.
Revolución en el once y mensaje claro del banquillo
Romo agitó el árbol buscando reacción y la encontró. La entrada de Lucas Díaz en portería, el refuerzo en el eje de la zaga con Pujol y Chema, y la apuesta por Ekain Azkune en ataque fueron decisiones que marcaron el pulso del encuentro.
El mensaje era evidente: competir cada balón como si fuera el último. Y el equipo respondió. Se vio a un Racing más intenso, más solidario en los esfuerzos y con mayor capacidad para incomodar la salida de balón del filial vasco.
Incluso pudo ampliar la ventaja antes del descanso, con llegadas peligrosas de Álvaro Giménez que no encontraron portería por centímetros o por decisiones arbitrales.
El asedio del Bilbao Athletic y la resistencia verde
La segunda parte fue otra historia. El Athletic Club B dio un paso adelante, aceleró el ritmo y comenzó a empujar al Racing hacia su propio campo. Los cambios locales activaron el ataque y el partido se inclinó claramente hacia la portería ferrolana.
Ahí apareció el otro Racing: el que sabe sufrir. El bloque se replegó con disciplina, cerró espacios interiores y obligó al rival a jugar por fuera. El gol anulado al conjunto vasco por fuera de juego fue el aviso más serio, pero no cambió el plan.
Lucas Díaz firmó intervenciones de mérito, especialmente en el tramo final, donde el partido se jugó al filo. El Racing resistió con oficio, sin perder la cabeza, defendiendo como un equipo que sabe lo que hay en juego.
Más que tres puntos: un punto de inflexión competitivo
El triunfo no solo rompe una racha negativa de cinco partidos sin ganar; redefine el escenario. Con 45 puntos en el casillero, el Racing se aleja del ruido de abajo y encara las últimas cinco jornadas con margen y, sobre todo, con confianza renovada.
El playoff sigue siendo una empresa compleja, pero el equipo ha demostrado que tiene argumentos para competir hasta el final. Y en una categoría tan exigente, eso es media permanencia… o el inicio de algo más ambicioso.
Además, el calendario ofrece una oportunidad estratégica: dos partidos consecutivos en A Malata donde el Racing puede convertir esta victoria en una racha.
Un equipo que vuelve a creer
En Lezama no hubo fuegos artificiales, pero sí algo más importante: identidad. El Racing volvió a parecerse a sí mismo, a ese equipo incómodo, solidario y competitivo que le permitió estar arriba durante buena parte del curso.
Como diría cualquier vestuario curtido, no se trata de jugar bonito, sino de sumar cuando más duele. Y este Racing, cuando aprieta el marcador y el contexto se pone feo, ha demostrado que todavía sabe competir.
El balón vuelve a rodar… y el Racing vuelve a estar en partido.







