Vaya por delante que no soy portavoz de nadie, y que pongo muy en duda cualquier cosa que pueda decir. Pero asisto con tristeza a lo que creo que debe quedar en anécdota.
Soy racinguista desde antes de nacer y lo seré hasta el día que me muera. El regalo de Reyes que recuerdo con mayor amor fueron las botas Umbro de Tarrío con el logo verde. Me ponía los cuellos hacia arriba, por Tarrío, ¿Cantona? en mis tiempos mozos, y el suyo fue uno de los primeros fallecimientos que lloré.
Aún hoy, cuando veo a Manu Miranda me pongo nervioso siento que me estoy cruzando con el mismísimo Maradona. Y para mi Pablo Rey está muy por encima de Messi o Cristiano. Pero debo admitir que a veces me dejo llevar por la frustración.
Igual de cierto es que comentarios negativos no aportan nada bueno, que generalmente el público se manifiesta en base a lo que ve, todos, y me atrevo a generalizar, van al campo con el mejor de sus ánimos e intenciones, no hay sensación mas bonita que despedir a un jugador de pie y que te devuelva los aplausos.
Hagamos un esfuerzo de entendernos, el aficionado frustrado al jugador que, independientemente de sus capacidades, es el primer interesado en que todo vaya bien. Y el empleado del club al aficionado que, en un momento de frustración o miedo, se deje llevar por la negatividad, siempre dentro de los márgenes del respeto y la buena educación.
Todos queremos lo mismo. Todos sumamos y juntos somos mas fuertes. Vayamos a donde vayamos, vamos todos a una. Y sí, ahora es el momento de animar, de gritar, de aplaudir, y en definitiva. De sumar.
¡Vamos Racing! ¡Vamos Ferrol!







