Hay noches que se escapan en el marcador y se ganan en casa. El Celta Fortuna cae 1-2 ante el Castellón en Balaídos, pero este lunes deja un nombre nuevo en el fútbol profesional: Ángel Davila, 19 años, delantero de la casa, se estrena en Segunda División con el filial celeste y lo hace metido en el último intento de reacción del equipo de Fredi Álvarez.
Entra en el 82 y aparece en el 84
Fredi Álvarez lo manda al campo en el minuto 82, en el sitio de Óscar Marcos, autor del gol que poco antes había devuelto al Fortuna al partido. Davila no pide tiempo para entrar en calor. En el 84 pone un balón al área que encuentra a Bernard Somuah: el ghanés conecta el remate y el larguero evita el 2-2 cuando Balaídos ya empujaba al filial en busca de otra remontada.
En el 87 vuelve a probar fortuna, esta vez con un disparo desde fuera del área tras una acción con Aldrine Kibet, aunque el lanzamiento se marcha por encima de la portería. El marcador ya no se movió: primera derrota de los celestes desde su llegada a LaLiga Hypermotion. Y aun así, la noche dejó un momento para enmarcar para otro futbolista formado en A Madroa.
De la División de Honor a Segunda
El estreno no llega por casualidad; es la culminación de un salto que el club preparó durante el verano. En julio la entidad anunció la ampliación de su contrato hasta 2030 y su incorporación definitiva al Celta Fortuna, una vez completada la etapa juvenil. Lo de casa, primero.
Natural de Ponteareas, Davila llegó a la cantera celeste en categoría benjamín y desde entonces ha recorrido todas las etapas de formación del club. La temporada pasada fue una de las grandes referencias ofensivas del Juvenil A: División de Honor conquistada, semifinales de la Copa del Rey y cuartos de final de la Copa de Campeones.
Ilusiona, pero ahora toca asentarse
Había terminado el curso anterior trabajando ya en la dinámica del filial, sin llegar a debutar en partido oficial, y en la primera jornada se quedó en el banquillo ante el Cádiz, durante el histórico estreno del Fortuna en Segunda. La oportunidad terminó llegando en la tercera y en Balaídos. No fueron muchos minutos, pero sí los suficientes para firmar su primera participación ofensiva y quedarse a un larguero de intervenir en el gol que habría rescatado un punto.
Ilusiona, y con razón. Pero conviene no acelerar: una cosa es superar los 80 goles en el recorrido por las categorías inferiores del Celta y otra muy distinta trasladar ese olfato a Segunda, donde el siguiente reto ya está abierto y pasa por asentarse en el fútbol profesional. El mensaje es claro: A Madroa sigue dando futbolistas y el primer paso ya está dado en Balaídos.








