El conjunto celeste afronta junio sin urgencias públicas y pretende controlar los tiempos del mercado en tres casos distintos: Óscar Mingueza, Brais Méndez y Marcos Alonso.
El mercado de fichajes del Celta de Vigo entra en junio con una idea clara: no convertir el 30 de junio en una subasta a la baja. El club necesita ordenar sus cuentas, pero no quiere que esa necesidad marque cada conversación del mercado. Marián Mouriño lo resumió con una frase directa: «los deberes ya están hechos». No significa que la entidad olívica renuncie a vender, sino que quiere elegir cuándo, cómo y por cuánto.
Mingueza, un aviso para los despachos
El caso de Óscar Mingueza llega tarde. El defensa acaba contrato el 30 de junio de 2026 y, salvo giro de última hora, su continuidad está muy complicada. Durante meses, el catalán fue uno de los activos más atractivos de la plantilla por edad, polivalencia y rendimiento: puede jugar como lateral, central o carrilero, y encaja en un fútbol que exige defensas capaces de iniciar y conducir lejos del área.
A estas alturas, lo de menos es cuánto puede ingresar el Celta por él. Mingueza representa justo lo que el club quiere evitar en otros expedientes: llegar al tramo final con un futbolista de valor, sin renovación cerrada y con poco margen para convertir ese rendimiento en ingreso. Cuando un jugador alcanza el último mes de contrato sin acuerdo, los despachos de Balaídos dejan de controlar el tablero.
El regreso de Brais Méndez
Brais Méndez es el nombre que más activa al celtismo. Es de Mos, se formó en el entorno celeste y su vuelta encajaría en un relato potente. Pero precisamente por eso el club vigués quiere ser frío. El centrocampista tiene contrato con la Real Sociedad hasta 2028, no es una oportunidad de coste cero y su operación solo tendría sentido si cuadran tres factores: precio, salario y rol deportivo.
Marián Mouriño dejó una frase reveladora al hablar de su posible regreso: es una cuestión para el área deportiva y todavía hay que hacer números. En el campo, Brais aportaría golpeo, último pase y llegada desde segunda línea, un perfil de calidad inmediata en tres cuartos para Claudio Giráldez. La duda es el coste. Si el Celta vende mal, puede acabar comprando desde la ansiedad; si administra los tiempos, puede esperar a que la operación se ponga en un precio razonable o retirarse sin dramatismo.
Marcos Alonso, esperar sin bloquearse
El caso de Marcos Alonso es de otra naturaleza. Aquí no hay venta ni incorporación externa: el club le ha trasladado una oferta y ha elegido no forzar los tiempos. «Estamos respetando los tiempos de Marcos Alonso», explicó Mouriño, mientras que el director deportivo Marco Garcés fue igual de claro: «Seguimos esperándolo».
El lateral zurdo aporta experiencia, jerarquía, salida de balón y lectura competitiva, un perfil que no siempre aparece en las cifras dentro de una plantilla que combina juventud y exigencia. Si renueva, Giráldez conservará una pieza de estabilidad para una temporada larga. Si no, la entidad olívica tendrá que buscar un sustituto zurdo, con oficio y capaz de entrar rápido en el ecosistema del equipo.
El Mundial frena el mercado
El contexto general también cuenta. El mercado se mueve con lentitud por el Mundial de 2026, y eso afecta a clubes, futbolistas y agentes, con muchas operaciones pendientes de movimientos en cadena. Para un club con urgencia, esa lentitud es un problema; para uno que mantiene la calma, una oportunidad. En Vigo se ha optado por lo segundo: no correr por Marcos Alonso, no lanzarse por Brais sin números claros y no aceptar ventas antes de tiempo si las ofertas no convencen.
El verano dependerá de cómo se resuelvan esos tres frentes: la salida o no de Mingueza antes del 30 de junio, la respuesta de Marcos Alonso a la oferta de renovación y el precio que la Real Sociedad ponga a Brais Méndez. Hasta entonces, en Balaídos prefieren administrar los tiempos y no dejar que el calendario marque las operaciones.







