El Celta de Vigo sacó un punto de Anoeta en un partido de dos caras. La Real Sociedad mandó con claridad durante buena parte de la primera mitad y obligó a Radu a multiplicarse bajo palos, mientras que el conjunto celeste dio un paso adelante tras el descanso para equilibrar el encuentro. El 0-0 permite a los de Claudio Giráldez sumar lejos de Balaídos, aunque mantiene abierta una de las asignaturas pendientes de este inicio de temporada: la falta de gol.
Giráldez volvió a mover piezas. El técnico celeste apostó por Antañón de inicio y dejó a Iago Aspas esperando su momento desde el banquillo. El plan, sin embargo, tardó en carburar porque la Real comenzó llevando el partido hacia campo vigués.
Los donostiarras tuvieron más balón, jugaron con mayor continuidad cerca del área y encontraron situaciones para probar a Radu. Ahí apareció el guardameta rumano para sostener al Celta cuando peor lo estaba pasando.
Oyarzabal, Kubo y Yangel Herrera encontraron opciones de remate durante un primer tiempo en el que la Real acumuló las ocasiones más claras. Radu respondió una y otra vez y evitó que el dominio local encontrase premio en el marcador.
Al Celta le costaba superar la presión y conectar con sus hombres de ataque. Jutglà quedaba demasiado aislado y las posesiones visitantes morían muchas veces antes de alcanzar zonas realmente comprometidas para Remiro. Ilaix Moriba fue quien más cerca estuvo de cambiar el guion con un disparo desde fuera del área que se marchó muy cerca del larguero.
El descanso llegó con 0-0 y con la sensación de que el empate era una buena noticia para los vigueses.
El Celta cambia de cara tras el descanso
El paso por vestuarios sentó mejor al Celta. Sin convertirse en dominador, el equipo celeste comenzó a jugar más lejos de su portería, logró dar continuidad a algunas posesiones y encontró espacios que no habían aparecido durante el primer acto.
Antañón tuvo protagonismo en ese crecimiento. El atacante dispuso de opciones para poner a prueba a la defensa txuri-urdin y el Celta empezó a discutirle el control territorial a una Real que ya no recuperaba el balón con tanta facilidad.
Giráldez buscó un nuevo impulso desde el banquillo y dio entrada a Iago Aspas y Pablo Durán. También llegó el estreno de Couhaib Driouech, una de las incorporaciones celestes del cierre de mercado, para añadir velocidad y desequilibrio en los metros finales.
La Real Sociedad también renovó energías y trató de recuperar el mando. El conjunto donostiarra reclamó penalti en una acción sobre Guedes, pero el colegiado dejó seguir y la jugada tampoco cambió de criterio tras la revisión del VAR.
El encuentro entró entonces en una fase mucho más equilibrada. El Celta ya sufría menos y empezaba a encontrar situaciones para correr cuando recuperaba.
Aspas pudo decidirlo al final
La gran oportunidad celeste del tramo final cayó en las botas de Iago Aspas. El capitán apareció dentro del área después de una buena transición, pero su remate terminó en las manos de Remiro.
No hubo más.
Anoeta cerró el partido sin goles y con un punto para cada equipo. Para el Celta, el empate tiene valor por la resistencia mostrada durante el peor tramo del encuentro y por haber mantenido la portería a cero después de un comienzo de curso irregular.
Radu fue el gran responsable de que el equipo llegase vivo al descanso y la reacción posterior permitió cambiar la fotografía del partido.
La otra lectura resulta menos tranquilizadora. El Celta continúa produciendo poco gol y vuelve a terminar un encuentro sin encontrar la portería rival. El equipo de Giráldez compitió mejor que en otras jornadas y recuperó solidez, pero todavía necesita que el talento que acumula arriba se traduzca en ocasiones y goles.
El punto de Anoeta sirve para sumar y tomar aire. La mejoría existe. El siguiente paso tiene que aparecer en el área contraria.







