El Deportivo salió de La Cerámica con algo más que tres puntos. La victoria por 2-3 ante el Villarreal supone una confirmación de que el equipo de Antonio Hidalgo ya no se limita a resistir en su regreso a Primera, sino que empieza a encontrar distintas formas de ganar partidos. El conjunto blanquiazul estuvo dos veces por detrás en el marcador, supo rehacerse en ambas ocasiones y terminó imponiéndose en un escenario de enorme exigencia, ante un rival llamado a pelear en la zona alta y con capacidad para castigar cualquier error.
El Villarreal golpea primero, pero el Dépor crece
El partido comenzó con un Villarreal más cómodo, con más presencia en campo contrario y con facilidad para atacar la espalda de la defensa deportivista. El 1-0 de Pépé en el minuto 18 reflejó ese mejor inicio local y dejó al Dépor ante un primer momento de dificultad. Sin embargo, el equipo no perdió el orden ni se precipitó. Poco a poco empezó a encontrar más continuidad con balón, consiguió que Aubameyang entrase más en juego y fue avanzando metros hasta equilibrar la posesión territorial del encuentro.
El empate llegó justo antes del descanso. Aubameyang encontró el espacio para filtrar un pase y Luismi Cruz atacó bien la ruptura antes de resolver con precisión para firmar el 1-1 en el minuto 42. La acción tuvo valor no solo por el gol, sino porque resumió la mejora del Deportivo en el tramo final de la primera parte. El equipo había pasado de sufrir el ritmo del Villarreal a sentirse cada vez más cómodo en un partido abierto, con más espacios y más posibilidades de atacar la última línea.
El banquillo cambia el partido
La segunda mitad añadió otro elemento importante para el análisis: la profundidad de la plantilla. José María Giménez había debutado de inicio y Marc Casadó apareció después desde el banquillo, mientras Hidalgo fue introduciendo también a Yeremay, Adama Traoré, Miguel Loureiro y Zakaria. El Deportivo ya no depende únicamente de un once reconocible, sino que dispone de futbolistas capaces de modificar la naturaleza del partido sin que el equipo pierda competitividad. Esa capacidad para cambiar piezas y mantener el nivel fue decisiva en La Cerámica.
El 2-1 llegó en el minuto 75 de la forma más cruel para el Dépor, con un autogol de Adama Traoré en un intento de despeje. En otro contexto, un golpe así en el tramo final podría haber dejado al equipo tocado. Ocurrió justo lo contrario. El Deportivo respondió casi de inmediato y volvió a demostrar una capacidad de reacción que empieza a convertirse en una de sus señas de identidad. Zakaria Eddahchouri, recién entrado, aprovechó una nueva acción ofensiva para firmar el 2-2 en el 78 y devolver al partido al punto de partida.
Aubameyang decide cuando más pesa el partido
Ese empate cambió también el estado emocional del encuentro. El Villarreal había conseguido ponerse por delante por segunda vez y volvió a comprobar cómo el Deportivo era capaz de levantarse. El conjunto local perdió parte del control que había tenido en distintos momentos del partido y el Dépor, en cambio, empezó a jugar con la sensación de que todavía podía encontrar algo más. Fue ahí cuando volvió a aparecer Aubameyang.
El delantero gabonés fue el gran protagonista de la noche. Había participado en las acciones de los dos primeros goles blanquiazules y terminó firmando el 2-3 en el tramo final. En el minuto 88, un error del Villarreal en la salida dejó al Deportivo con ventaja y Aubameyang aprovechó la situación con la frialdad de un delantero acostumbrado a decidir partidos grandes. Su definición completó una remontada que parecía improbable apenas diez minutos antes.
Más allá de su gol, la actuación de Aubameyang vuelve a confirmar que su importancia en este Deportivo no se limita al remate. El gabonés participa, fija centrales, baja a recibir, genera espacios para los compañeros y mantiene una amenaza constante al espacio. En La Cerámica fue decisivo en las tres acciones que cambiaron el marcador y volvió a demostrar que el equipo dispone de un futbolista capaz de marcar diferencias incluso cuando el partido no está completamente bajo control.
Un Deportivo con más recursos
La victoria también deja una lectura colectiva especialmente positiva. El Deportivo encajó dos golpes, convivió con fases de dominio del Villarreal y necesitó a Leo Román para mantenerse dentro del partido en algunos momentos, pero nunca se descompuso. El equipo siguió creyendo en su plan, aprovechó mejor sus momentos y terminó castigando los errores del rival. Esa capacidad para sobrevivir a escenarios incómodos y seguir teniendo amenaza ofensiva es probablemente uno de los avances más importantes de este inicio de temporada.
El partido de La Cerámica confirma además que Hidalgo empieza a disponer de una plantilla mucho más completa tras el cierre del mercado. Giménez, Casadó, Adama y Zakaria aportan perfiles distintos y aumentan las posibilidades del entrenador para modificar partidos desde el banquillo. La competencia interna será mayor, pero también lo será la capacidad para adaptarse a rivales y situaciones diferentes. Ante el Villarreal, esa profundidad terminó teniendo un impacto directo en el resultado.
Mucho más que tres puntos
El Deportivo continúa invicto y suma una victoria de enorme valor por el escenario, el rival y la forma en la que llegó. No fue un triunfo construido desde el dominio absoluto, sino desde la resistencia, la reacción y la eficacia. El equipo supo esperar, corregir, atacar en los momentos adecuados y encontrar el golpe definitivo cuando el partido parecía encaminado al empate.
La Cerámica deja así una de las primeras grandes noches del regreso del Deportivo a Primera. El Villarreal se puso por delante dos veces y el Dépor respondió dos veces. Cuando apareció la oportunidad de ganar, Aubameyang no perdonó. Esa capacidad para competir sin complejos y seguir buscando el partido hasta el final es la mejor noticia para un equipo que empieza a demostrar que su vuelta a la élite puede tener bastante más recorrido que el de una simple lucha por sobrevivir.







