La dinámica rojilla ya no es una racha: es un aviso serio al resto del grupo. La UD Ourense volvió a sumar de tres con un ejercicio de madurez en un campo pesado, incómodo y ante un Lealtad necesitado pero combativo. Un tanto de Santi de Prado en el arranque y la solvencia del bloque de Borja Fernández bastaron para encadenar otro golpe sobre la mesa.
Un arranque con premio que condicionó el choque
El duelo empezó con el plan asturiano muy claro: presión alta, balón directo y ritmo alto para incomodar a los ourensanos. Y durante los primeros minutos funcionó, porque la posesión cayó del lado local y los rojillos tuvieron que remar sin dominar lo que mejor saben manejar: la pelota.
Pero en cuanto Parrilla y Champi calibraron brújula en la sala de máquinas, la UD Ourense se hizo dueña del partido. Las ocasiones empezaron a brotar, primero con avisos de Krehl y Yerpes, hasta que un mal entendimiento entre defensa y portero del Lealtad dejó un balón muerto que Santi de Prado, el hombre del momento, no desaprovechó. Gol de delantero con olfato y ventaja gestionada con temple.
Rufo pudo firmar el segundo por partida doble —uno anulado por falta previa y otro repelido por un espectacular vuelo de Junquera— antes de que Vizoso, felino bajo palos, sacara una mano decisiva a tiro de Khrel justo antes del descanso.
Control absoluto tras el intermedio
La segunda parte fue una demostración de oficio visitante. La entrada de Viti dio más pausa y circulación, mientras que Justino, en modo incordio constante, siguió generando desajustes en la zaga asturiana. El propio Viti tuvo el 0-2 con un testarazo picado que volvió a obligar a Junquera a lucirse.
Cuando el Lealtad quiso adelantar líneas, se topó con un bloque rojillo férreo, solidario y perfectamente sincronizado, que apenas concedió situaciones de peligro. Ya en la recta final, Varo se incorporó al ataque y rozó la sentencia con un chut al poste, prueba del control absoluto del tramo final.
Seis victorias en siete partidos: la UD Ourense acelera hacia el play-off
Lo de este equipo ya no es casualidad. La UD Ourense compite, madura partidos, sufre cuando toca y golpea en los momentos clave. En escenarios adversos, con rivales incómodos y en césped que invita más al balón dividido que al toque, también suma.
Con este triunfo, los de Borja Fernández se afianzan en la zona noble y mantienen un ritmo de aspirante serio. El proyecto rojillo ha encontrado estabilidad, pegada y una solidez defensiva que, jornada tras jornada, marca diferencias.
La locomotora ourensana no levanta el pie. Y, visto lo visto, nadie quiere cruzarse en su camino.