
El Deportivo de La Coruña volvió a sonreír lejos de Riazor en una noche de esas que cambian inercias. En el Estadio de los Juegos Mediterráneos, los blanquiazules se impusieron por 1-2 a la UD Almería tras levantar un marcador adverso y firmar una actuación madura, convincente y, sobre todo, liberadora. Yeremay Hernández fue el faro; Samuele Mulattieri, el ejecutor. Y el Dépor, por fin, volvió a ganar.
Dominio sin premio… y castigo excesivo
El plan deportivista arrancó con personalidad. Presión alta, balón circulando con criterio y un rival replegado esperando su momento. El Dépor mandaba, pero el gol cayó del lado local: Baptistão encontró la espalda de la zaga y cruzó el disparo. Demasiado premio para un Almería que había vivido más tiempo mirando el reloj que el balón.
Yeremay agita el partido
Lejos de encogerse, el Dépor insistió. Soriano y Yeremay conectaban líneas y el canario empezaba a poner la música. De una acción suya nació una ocasión clarísima que no encontró remate. El descanso llegó con sensación de injusticia y con la certeza de que el partido estaba vivo.
Empate merecido y fe intacta
La reanudación confirmó las sensaciones. El Dépor volvió a salir enchufado y el premio no tardó: pase filtrado, desmarque perfecto y definición serena de Yeremay para el 1-1. El empate hacía justicia y encendía al equipo, que no levantó el pie del acelerador.
Mulattieri decide
Con el banquillo activado, el Dépor gestionó mejor los tiempos. Y cuando el partido pedía colmillo, apareció la contra: Yeremay condujo, levantó la cabeza y puso el centro medido para que Mulattieri resolviera con clase ante el guardameta. Gol, remontada y estallido de alivio.
Final con oficio y sonrisa
Lejos de refugiarse, el Dépor defendió con balón y cabeza. Incluso rozó el tercero en una vaselina de Yeremay que se quedó a centímetros. El pitido final confirmó lo que el juego ya había anunciado: victoria merecida, racha rota y moral reforzada antes de la próxima cita liguera.
Cuando Yeremay sonríe, el Dépor gana. Y esta vez, además, convenció. Una noche para recordar… y para construir.








