En Peinador faltaba un nombre. El 5 de agosto, cuando el Celta embarcó rumbo a Italia para cerrar la pretemporada ante el Sassuolo y el Nápoles, Ilaix Moriba se quedó en tierra, castigado por Claudio Giráldez por llegar tarde a los entrenamientos de Afouteza. Pero el episodio disciplinario es la superficie: debajo hay una operación diseñada hace catorce meses en A Sede que hoy empuja a la entidad a vender a su mediocentro antes del 1 de septiembre.
Marco Garcés lo enmarcó de otro modo en el aeropuerto. El técnico, explicó el director deportivo, quiso «traer a los que siente listos para jugar la primera jornada». La posición del club, en todo caso, es conocida en Vigo: si llega una oferta que satisfaga a todas las partes, el hispanoguineano de 23 años sale traspasado.
La letra pequeña de 2025
Los celestes ejecutaron en el verano de 2025 la opción de compra pactada con el RB Leipzig: seis millones de euros por el futbolista formado en La Masía que en Balaídos había recuperado el nivel perdido en Alemania. Firmó hasta junio de 2029, con el 6 a la espalda y una cláusula de rescisión de apenas 30 millones que ya entonces decía más que cualquier comunicado.
La clave, sin embargo, está en la ficha. El acuerdo llegó con una rebaja salarial muy importante en el primer curso -el del regreso a la Europa League- y un sueldo que crece de forma progresiva a partir de ahí, hasta convertirse en el más alto de la plantilla. Moriba se reservó además un porcentaje de un futuro traspaso; el Leipzig también conserva el suyo.
Ahí está el bumerán. Cuando club y jugador apostaron por seguir juntos tras la cesión, ambas partes sabían que la etapa sería corta: ni el esfuerzo del futbolista bajándose la ficha ni el del club asumiendo un salario creciente aguantaban mucho en el tiempo.
Vender por dieciocho lo que costó seis suena a operación redonda... sobre el papel. El problema es que el conjunto olívico no negocia desde la fuerza, sino contra un calendario que se puso a sí mismo y con dos porcentajes que se comen parte del ingreso. No es oro todo lo que reluce.
De 25 a 18 millones
- Arranque del mercado. El Celta pide 25 millones. Junto a Williot Swedberg, Moriba es el activo señalado para hacer caja.
- Mayo. Preguntan desde Inglaterra: el Aston Villa y el Brighton se interesan por un futbolista que la entidad necesita traspasar antes del 30 de junio para no llevar a la Junta General de Accionistas de diciembre unas pérdidas superiores a diez millones.
- Junio. El Galatasaray presenta la única oferta formal conocida, 15 millones, y A Sede la rechaza por insuficiente: entonces el listón estaba cerca de los 20 millones. La Juventus sondea el terreno sin pasar del primer contacto.
- Julio. El mediocentro es ofrecido de forma indirecta a cinco clubes de la Premier League a través de intermediarios. Ninguno pone una propuesta firme sobre la mesa. Pasa el 30 de junio sin venta.
- Agosto. La operación apunta a Italia: un club de la Serie A se coloca en posición de cerrarla por unos 18 millones, con el porcentaje correspondiente para el jugador. La petición celeste ya no alcanza los 20.
Por el camino, Garcés descartó propuestas cercanas a los 12 millones. Hace un año, la venta de Fer López cuadró las cuentas a tiempo; esta vez no ha aparecido la operación equivalente. Y queda una consecuencia incómoda para el vendedor: cualquier interesado que conozca los entresijos del contrato sabe que el tiempo no corre a favor de Vigo.
El tapón del mercado celeste
Con la llegada de Altay Bayindir y el salto de Hugo González al primer equipo, los celestes no tienen ya ninguna ficha libre: veinticinco jugadores de primera plantilla y dos con ficha del filial en dinámica del grupo, Jones El-Abdellaoui y Yoel Lago. Para que entre alguien, primero tiene que salir alguien.
A tres semanas del cierre quedan seis o siete movimientos pendientes, que se sumarían a los diez ya cerrados: cuatro incorporaciones -Bayindir y el central Abdoulaye Faye, ambos cedidos, más Javi Galán y Aleix Febas-, el ascenso de Hugo González y cinco cesiones. En la lista de transferibles, cuatro nombres: Carles Pérez, Manu Fernández, Carlos Domínguez y Matías Vecino.
Giráldez pidió portero, extremo y central. Tiene dos de los tres. El extremo sigue en el aire -Garcés reconoció el interés por Exequiel Zeballos- y el refuerzo para la medular solo llegará si salen Moriba y Vecino: en la agenda están André Almeida, que ha frenado su marcha del Valencia al Swansea pactada por 3,5 millones más objetivos, y el hondureño Kervin Arriaga, tasado en cinco millones por el Levante. Mientras el tablero no se mueva, los canteranos Hugo Burcio y Andrés Antañón ganan protagonismo.
Lo que se juega el domingo
El coste deportivo no es menor. En su primera campaña en Vigo, todavía cedido, Moriba firmó 33 partidos de LaLiga y más de 2.000 minutos, con un gol al Sevilla en Balaídos y una asistencia en dos encuentros de Copa del Rey. En la 2025-26 se fue hasta 47 partidos y 3.419 minutos entre todas las competiciones: números de indiscutible en el proyecto que ha devuelto al cuadro vigués a Europa dos veranos consecutivos.
La Europa League ilusiona; la caja, bastante menos. Con Miguel Román y Aleix Febas ganando galones en la sala de máquinas, el técnico de O Porriño se planta el domingo ante Osasuna en Balaídos con la plantilla en obras y con el 6 en el escaparate. Quedan tres semanas de mercado, y en Vigo nada se mueve hasta que se mueva Moriba.







