El Real Madrid sobrevivió en el infierno de Atenas. Un póker de Kylian Mbappé sostuvo al equipo de Xabi Alonso en un partido totalmente roto ante Olympiacos (3-4), con final de angustia y demasiadas dudas defensivas para un candidato al título. La estrella francesa firmó una noche histórica en la Champions, pero los blancos acabaron pidiendo la hora en un Huvepharma Arena encendido.
Un inicio de pesadilla y un francés en modo devastador
El encuentro nació cuesta arriba para el Real Madrid. La atmósfera griega, con el estadio convertido en caldera, se tradujo pronto en el 1-0: Chiquinho cazó un balón en la frontal y lo mandó a la red con un disparo que descolocó a la zaga blanca, superada en intensidad y duelos desde el pitido inicial.
El gol despertó al Madrid… y, sobre todo, a Mbappé. El francés leyó cada desmarque al espacio como si tuviera el mapa del partido en la cabeza. En poco más de seis minutos firmó un hat-trick de videojuego, rompiendo líneas, atacando al espacio y castigando cada desajuste de Olympiacos.
En un abrir y cerrar de ojos, el 1-0 se convirtió en 1-3 y el banquillo blanco pasó del gesto tenso a la euforia. El proyecto de Xabi Alonso volvió a agarrarse a su faro ofensivo: cada vez que el Madrid acelera, Mbappé aparece como argumento incontestable.
Vinicius dinamita la banda y llega el póker
Mientras la defensa sufría, el ataque blanco vivía en otra dimensión. Vinicius, muy metido en el partido, fue un dolor de cabeza constante para los laterales locales: regates, conducciones largas, asociaciones rápidas y rupturas que descolocaron por completo a la línea de cuatro helena.
De una de esas acciones nació el cuarto. El brasileño encaró, obligó a recular a la defensa y el intento de despeje del zaguero se quedó corto dentro del área. Ahí apareció de nuevo Mbappé, que no perdonó para firmar su póker particular y poner el 2-4 en el marcador. Definición fría en un partido caliente y más de media producción goleadora del Madrid en lo que va de temporada lleva ya su sello.
En ataque, sensación de pegada de campeón. En defensa, sensación de equipo aún por construir.
Reacción de Olympiacos y un final de sufrir, no de disfrutar
Cuando parecía que el duelo podía convertirse en una noche cómoda para gestionar esfuerzos, Olympiacos se rebeló. El equipo de José Luis Mendilibar, lejos de bajar los brazos, se fue arriba con todo en el tramo final.
Taremi recortó primero con un remate de nueve puro dentro del área y El Kaabi, ya en los minutos decisivos, estrechó aún más el marcador, llevando el 3-4 al luminoso y levantando al público griego. El Madrid se vio de nuevo metido en su propia área, colgando balones fuera como quien achica agua en un barco que hace aguas atrás.
Los últimos minutos fueron de “balón fuera y que el árbitro mire el reloj”. El conjunto de Xabi Alonso no supo cerrar el partido, perdió el control del centro del campo y dejó la sensación de que, cada vez que le apretan físicamente, sufre más de la cuenta. Victoria importantísima, sí; mensaje de autoridad, no tanto.
Lecturas para Xabi Alonso: tres puntos, muchas tareas pendientes
En clave competitiva, el Real Madrid sale de Grecia con lo que necesitaba: una victoria y una exhibición más de su estrella. La fase de liga de la Champions se le sigue dando bien en lo numérico, pero el libreto tiene muchas tachaduras defensivas.
Mbappé sostiene el proyecto con goles, jerarquía y liderazgo en las grandes noches.
Vinicius recupera sensaciones: desequilibrante, generoso y participativo.
La línea de atrás, en cambio, volvió a mostrar problemas en vigilancias, balones laterales y segundas jugadas.
La gestión de ventajas sigue siendo una asignatura pendiente: de un posible paseo a un final con el equipo pidiendo la hora.
En resumen, partido de Champions “marca Real Madrid”: locura, goles, épica… y un final con el corazón en la boca. El marcador dice 3-4 para los blancos; el análisis deja claro que, sin Mbappé, la película en Atenas habría tenido un guion mucho más oscuro.







