El Dépor cerró en Valladolid una herida de ocho años con un triunfo que devuelve a Riazor al escaparate grande del fútbol español
El Deportivo de La Coruña vuelve a Primera División. Ocho años después de su último baile en la élite, el conjunto blanquiazul certificó el ascenso directo con una victoria de autoridad ante el Real Valladolid en Zorrilla. El 0-2, impulsado por un doblete de Bil Nsongo, no fue solo un resultado: fue el final de una travesía durísima por el barro competitivo, las decepciones de playoff, la caída al fútbol no profesional y la resistencia emocional de una afición que nunca dejó solo al escudo.
Zorrilla fue el punto final al sufrimiento
El Deportivo llegó a Valladolid con el ascenso al alcance de la mano y no quiso esperar a la última jornada. Salió con personalidad, golpeó pronto y administró el partido con la madurez de los equipos que ya huelen la meta.
Bil Nsongo fue el nombre propio de la tarde. Dos goles en la primera parte bastaron para dejar encarrilado un triunfo que valía mucho más que tres puntos. Cada tanto fue una descarga para el deportivismo, como si el club fuese soltando una mochila cargada desde 2018.
No hubo tembleque final ni ejercicio de calculadora. El Dépor ganó como debía ganar un equipo de ascenso: serio atrás, contundente arriba y con la cabeza fría en un escenario de máxima presión.
El regreso de un histórico que nunca se rindió
La noticia tiene una dimensión enorme para el fútbol gallego. No asciende un equipo cualquiera. Vuelve a Primera un campeón de Liga, un club con noches europeas inolvidables, una masa social gigantesca y una memoria colectiva que todavía guarda en la retina aquel Deportivo que discutía de tú a tú con los grandes.
Pero este regreso no se explica desde la nostalgia, sino desde la supervivencia. El Dépor tocó fondo, bajó escalones que parecían impensables y sufrió golpes que habrían desarmado a muchos clubes históricos.
Finales perdidas, temporadas en Primera Federación, dudas institucionales, proyectos que se quedaron a medio camino y una afición obligada a cambiar el glamour de la élite por campos de batalla mucho más ásperos. El ascenso de ahora tiene valor porque viene manchado de barro.
Riazor también subió
El Deportivo no ha viajado solo en esta travesía. La afición fue, probablemente, el fichaje más decisivo de todos estos años. Riazor mantuvo el pulso cuando la categoría no acompañaba, cuando los rivales no tenían el brillo de antes y cuando el calendario parecía más castigo que ilusión.
En Galicia se sabe bien lo que pesa un escudo cuando la grada no se rinde. Y el deportivismo convirtió cada temporada fuera de Primera en una demostración de pertenencia.
Por eso este ascenso se celebra en el vestuario, sí, pero también en cada barrio de A Coruña, en cada peña, en cada desplazamiento y en cada aficionado que siguió creyendo cuando el camino parecía una cuesta de esas que no salen ni en el perfil de etapa del Tour.
Una Segunda ganada con oficio
LaLiga Hypermotion no regala nada. Es una categoría incómoda, larga, con trampas en cada jornada y rivales que convierten cualquier partido en un examen de carácter. El Deportivo ha conseguido salir de ahí por la vía directa porque ha sido fiable cuando la temporada pedía colmillo.
El equipo ha sabido competir en los días grandes y también en los días grises, esos que suelen decidir ascensos. Ahí se construyen los proyectos serios: no solo en las goleadas o en los partidos de cartel, sino en las tardes de pico y pala.
El triunfo en Valladolid fue la rúbrica, pero el ascenso se trabajó durante meses. Con continuidad, con oficio y con una plantilla que entendió que para volver a Primera primero había que saber sufrir como equipo de Segunda.
Galicia gana peso en el mapa de Primera
El regreso del Dépor no solo cambia el estado de ánimo en A Coruña. También refuerza la presencia del fútbol gallego en el escaparate nacional. LaLiga EA Sports recupera una plaza histórica, un estadio de ambiente caliente y un club que forma parte del patrimonio emocional del fútbol español.
Para el fútbol gallego, es una noticia de impacto. El Deportivo vuelve a estar donde su historia le empuja, aunque ahora toca demostrar que el retorno no es una visita corta. La Primera exige plantilla, gestión, acierto en el mercado y una idea clara desde el primer día.
El ascenso abre una nueva pantalla. Más ingresos, más visibilidad, más exigencia y menos margen de error. La fiesta es merecida, pero en la élite el balón corre más y los despistes se pagan con intereses.
El Dépor vuelve, pero ahora empieza otro partido
El deportivismo tiene derecho a celebrar sin freno. Demasiados años de golpes merecen una noche larga. Pero el club ya sabe que el próximo reto será tan complejo como ilusionante: construir un equipo capaz de competir en Primera.
La diferencia es que ahora el Deportivo vuelve a partir desde la luz. Ya no mira hacia arriba desde el barro. Mira al calendario de LaLiga EA Sports sabiendo que ha recuperado algo más que una categoría: ha recuperado autoestima, orgullo y sitio.
El gigante blanquiazul vuelve a levantarse. Y cuando el Dépor vuelve a Primera, Galicia también sonríe.







